Uno de los retos más grandes de iniciativas de entidades de desarrollo públicas nacionales o internacionales tiene que ver con el tema de la sostenibilidad. Es una problemática siempre verde que es aún más importante en proyectos de apoyo a la adopción de TIC por parte del sector empresarial, especialmente las pymes. El tema de la sostenibilidad se ha venido discutiendo en múltiples reuniones y ha sido al centro de la atención en varias de los encuentros del Cluster TIC del Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (FOMIN/BID). [Por favor consulte el aviso a pié página].
Antes de entrar más en el detalle del debate, es necesario preguntar en que consiste el termino de "sostenibilidad" (o "sustentabilidad" según algunos, no me aventuro en este debate de lana caprina). El término nace en el contexto de la toma de conciencia en la "opinión pública" de los años '80 del daño que causa la actividad económica al medio ambiente y de la necesidad de promover un modelo económico basado en el "desarrollo sostenible". Per extenso, con el tiempo el término a sido re-intepretado y utilizado en contextos diferentes. Hoy se habla de sostenibilidad también en el discurso sobre el impacto de las inversiones y donaciones para el desarrollo económico, que se espera sean sostenibles, o sea que tengan efectos e impactos durable en la realidad social y económica en el cual intervienen.
Surge la pregunta legítima: de que efectos se trata? Y cuales son los factores que concurren? En un estudios y debates que se han originado sobre el tema (entre los cuales se destaca la contribución de Enrique Román en un reporte financiado por el FOMIN), se han identificado varios ámbitos o conceptos de sostenibilidad:
Institucional: el cambio afecta la organización institucional de un sistema, lo que puede incluir también un proceso nuevo en la sociedad que se afirma y expande (por ejemplo la introducción de la factura electrónica, que es un instituto nuevo en la práctica empresarial y gubernamental y se ha codificado en leyes y reglamentaciones que perduran.
Financiera: el cambio generado por una intervención, es financieramente viable, es decir que se movilizan recursos que permiten mantener el producto o servicio desarrollado; en la mayoría de los casos se trata de productos o servicios que generan ingresos que permiten la continuación de la entidad que los otorga y la inversión para el mantenimiento y la adecuación del servicio/producto a las necesidades de sus usuarios.
Operacional: se producen cambios en las organizaciones existentes o se forman nuevas formas de organización (incluyendo aquellas que no se limitan a una entidad institucional, sino a una red de actores) que permiten la movilización de recursos hacia el fin de asegurar la continuación.
Tecnológica: en el caso de proyectos centrados en el uso de tecnología, se refiere al mantenimiento y actualización de la infraestructura tecnológica subyacente.
También podemos agregar conceptos sostenibilidad medio-ambiental y humana o social, que se refieren al impacto en el medio ambiente de una iniciativa y de su efectos en la población.
El concepto de sostenibilidad y el peso de los varios factores varía según el objetivo y la naturaleza de la intervención, que sea pública o privada, de reglamentación o inversión. En el caso de entidades públicas las inversiones se realizan normalmente a través de "proyectos" a cuya realización contribuyen de manera parcial o total.
Cuando dicha intervención a través de un 'proyecto' la contribución financiera tiene obviamente un inicio y un fin. Se puede argumentar que solución puede ser podo consecuente: instituciones como el BID y otros no actúan más como partners que como simples financiadores ya que participan en el diseño, monitoreo y evaluación del proyecto. Pero al momento de acabarse el proyecto, se asume que esencialmente uno solo de los partners, la agencia beneficiaria, tiene la responsabilidad de seguir adelante. Esta es la manera tradicional de operar de las entidades públicas y la realidad que enfrentan la gran mayoría de las agencias ejecutoras de los proyectos. Al final de este artículo veremos cuales remedios se pueden considerar para evitar graduar la salida de la entidades financiadoras.
Antes de que se puedan considerar medidas diferentes y un nuevo enfoque en la participación de entidades financiadoras, creo que, por lo menos en el caso de iniciativas que apuntan a desarrollar servicios y productos economicamente viables, sería oportuno superar el concepto de proyecto tal cual se entiende habtualmente y referirnos más a emprendimientos.
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Aviso: el autor principal de este blog ha sido el Coordinador del mismo Cluster hasta el principio de 2009 y sigue colaborando en calidad de asesor externo al FOMIN en esta área.
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